emociones negativas

¿Estamos liderando a merced de nuestras emociones negativas?

No hace mucho tiempo escuchábamos la noticia de que el recientemente nombrado presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, cogía un vuelo a Moscú para despedir personalmente a Julen Lopetegui, entrenador de la Selección Española, dos días antes del comienzo del Mundial de Rusia. En su lugar, nombraba a un exfutbolista con escasa experiencia como entrenador: Fernando Hierro. Con los datos de los que disponemos, todo parece indicar que la decisión no fue tomada de forma reflexionada, buscando el mayor beneficio para la organización, sino que el líder probablemente fue «secuestrado» por su orgullo herido o por su miedo a aparecer ante la opinión pública como un dirigente débil al que se puede «torear».

Las organizaciones deportivas están dentro de las más jerárquicas en el mundo organizacional y una única persona puede tener la potestad de tomar decisiones sin necesidad de consultar o cotejar otras opiniones al respecto. El riesgo de que una decisión sea fruto de un arrebato más que de un proceso mental deliberado es similar en la mayoría de las empresas donde existen liderazgos poco conscientes.

Trabajando las emociones

Las emociones negativas como el miedo o la rabia tienen un gran poder para hacernos reaccionar automáticamente. Sin pensar y sin saber muy bien cómo ha sucedido. Esa fuerza especial de las emociones negativas tiene una relación directa con la supervivencia: cuando se trata de esquivar un coche que se aproxima peligrosamente a nuestro carril es una habilidad muy útil. Hemos esquivado el coche sin haber sido consciente de tomar la decisión de hacerlo, y hemos salvado nuestra vida.

Sin embargo, esa misma fuerza es la que nos mueve a discutir acaloradamente con un compañero de trabajo que tiene otro punto de vista sin pensar si lo que debiéramos hacer por el bien de la organización es escuchar con interés y responder con amabilidad.

Nuestra incapacidad para detectar la emoción cuando está surgiendo nos hace perder la posibilidad de gestionarla adecuadamente. Percibimos una emoción cuando ya se ha desencadenado la reacción automática que la acompaña. Solo la identificamos cuando ya estamos viendo sus efectos, cuando posiblemente es ya demasiado tarde.

Nadie puede liderar en la era digital si no es capaz de liderarse a sí mismo.

La autoconciencia y Mindfulness

La conciencia de uno mismo incluye la capacidad de identificar y gestionar nuestras propias emociones. ¿Cómo vamos a ser capaces de relacionarnos adecuadamente con las demás personas y sus circunstancias, de liderar una organización, sea empresa o familia, si no somos capaces de lidiar con nosotros mismos?

La calma es el espacio en el que podemos desarrollar autoconciencia y tomar decisiones desde la ecuanimidad, no desde la emoción. Mindfulness y la formación en inteligencia emocional nos permiten lograr esa calma, trabajar y decidir desde ahí, ser menos reactivos y estar más abiertos a escuchar otras perspectivas.

Mindfulness proviene de tradiciones asiáticas milenarias pero ha llegado a nuestro siglo como la herramienta perfecta para afrontar los retos de la era digital. Mindfulness es estar presente en el momento y tomar conciencia de lo que realmente está sucediendo, en nuestro interior y en el mundo que nos rodea. Su práctica nos inmuniza frente al poder de las emociones negativas. Nos ayuda a poner pausas en este incesante surgir de emociones, urgencias e interrupciones que nos hacen reaccionar automáticamente olvidándonos de lo importante.

Pon pausa

En el proceso de gestionar las emociones, el primer objetivo y el más difícil es poner la pausa para detectar la emoción cuando está surgiendo. Si no hemos logrado parar en este punto, la segunda meta sería poner la pausa antes de que el impulso de la emoción nos lleve a actuar dañando a otras personas o a toda la organización. En caso de fracasar también en este objetivo, debemos aprender de la experiencia, ser un poco más inteligentes emocionalmente y confiar en que la próxima vez sabremos aplicar lo aprendido. Tratarnos bien es esencial para el éxito del proceso.

Liderar de forma eficiente exige un alto grado de autoconciencia para, entre otras cosas, actuar con menos precipitación y darnos cuenta de cómo afectan nuestras acciones a otras personas y a toda la organización.

 

Este artículo, “¿Estamos liderando a merced de nuestras emociones negativas? ” fue publicado por primera vez en Canal CEO.

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