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Tres recomendaciones para implementar un plan para la mejora del bienestar en tu empresa

En el mundo de la consultoría organizacional, cada día nos encontramos con departamentos de gestión de personas que se están viendo retados por riesgos sociales y emocionales cómo son la retención del talento, la gestión del absentismo laboral, la gestión del estrés,…y, sobre todo, cómo lograr que las personas se sientan tan felices y empoderadas en su trabajo que desarrollen su máximo potencial. Todos estos retos tienen relación directa con crear una cultura organizacional que promueva el bienestar y la calidad de vida laboral.  Pero ¿cómo liderar un proyecto de tal magnitud?  ¿por dónde empezar? Evidentemente, elaborando un plan, con unos objetivos y diseñando un proceso que nos permita lograr esos objetivos. El plan, sea cual sea el tamaño de la empresa, debe contemplar estas cuestiones básicas:

1- Abordamos el bienestar desde una perspectiva holística, incluyendo,  midiendo y asignando recursos y responsabilidades sobre cuestiones relativas a la seguridad, la salud física y mental, las relaciones y la comunicación, el entorno y el propósito (gran parte de nuestra satisfacción en el trabajo depende de sentirnos parte de un fin más grande).  Puede parecer que cuando hablamos de cuestiones tan abstractas como bienestar, felicidad, el entorno o la comunicación, va a ser difícil establecer parámetros o encontrar instrumentos de medida. Sin embargo, existen hoy en día modelos, test y encuestas que han probado su efectividad como por ejemplo el modelo PERMA .

 

2- Un plan tan ambicioso que implica cambios estructurales en la organización y cambio de hábitos en las personas, debe plantearse con objetivos en el largo plazo, estableciendo hitos en el camino. Podemos dividir el proceso en 3 fases: observación, ideación e implementación. No saldrán fases estancas, porque probablemente, en la fase de observación surjan ideas o en la de implementación aparezcan cuestiones que no se habían contemplado en la fase de observación. Pero las fases nos permitirán despiezar el proceso y aumentar el control sobre los resultados

 

3- Debemos buscar el compromiso del máximo número de personas dentro de la organización, visibilizando el compromiso del equipo directivo con el proyecto. Para ello, la metodología elegida debe permitir la participación de las personas en la determinación de los retos y el diseño de las soluciones,  mezclando departamentos y jerarquías en las sesiones de trabajo. Existen diversas herramientas como la desarrollada por IDEO o la indagación apreciativa que permiten que el propio proceso se convierta en un prototipo de cultura participativa, positiva, creativa e igualitaria basada en la inclusión y la comunicación abierta.

 

Es importante recordar que solamente el 10% del bienestar está condicionado por las circunstancias, por las cosas que nos pasan. El 50% por cuestiones genéticas. El resto, el 40%, viene determinado por los hábitos y las prácticas voluntarias. Por tanto, podemos trabajar para mejorarlo, como personas y como organizaciones. Crear una cultura organizacional sana física y emocionalmente, nos permite desarrollar la creatividad, disminuye el absentismo, mejora las relaciones y en definitiva, mejora la eficacia y la productividad. Por ejemplo, l@s médicos más felices, tienen pacientes más satisfechos e incluso mejoran los resultados de sus tratamientos. Por el contrario, si no estamos a gusto en el trabajo, somos menos cooperativos, estamos de peor humor, aumenta el absentismo y, en definitiva, disminuye el desempeño. La felicidad es el caldo de cultivo de una organización resiliente y exitosa y, por tanto, una cuestión estratégica en la que hay que invertir conocimiento, tiempo y recursos de nuestra empresa o apoyarnos en una consultoría externa. En nuestra organización tenemos experiencia en diseñar proyectos a medida, sea cuál sea el tamaño de tu empresa.

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